Misiones, esta hermosa provincia del noreste de la Argentina, tiene muchos más atractivos que las Cataratas del Iguazú, una de las siete maravillas naturales del planeta. Uno de estos atractivos es la naturaleza exhuberante, siglos de historia y una dosis de misterio que se concentran en San Ignacio, a sólo 60 km. de la capital de la provincia.
Lo más conocido de San Ignacio es el complejo jesuítico de San Ignacio Miní. Pero aparte de los famosos vestigios de la monumental obra de los sacerdotes jesuítas y los pobladores guaraníes, hay otros sitios interesantes para conocer.
Como el Parque Nacional Teyú Cuaré, que en guaraní quiere decir “cueva del lagarto”, un más que interesante afloramiento rocoso de más de 120 metros de altura, que cae a pique sobre las costas del río Paraná. El peñón se levanta en una reserva de 78 hectáreas, y entre la abundante vegetación se extienden unos 3 km. de senderos bien delimitados. El paseo es ideal para disfrutarlo en familia.
Es ideal dejar el vehículo en la vivienda de los guardaparques, y desde aquí empezar a transitar el sendero por la selva, que desemboca en dos balcones desde se observa una vista impresionante del Paraná, y enfrente la costa del Paraguay. Desde el mirador Isla del Toro se puede observar la imponente cruz de Santa Ana. Orientado hacia el norte, el segundo mirador se llama Isla del Barco Hundido.
En la parte más alta del peñón es posible observar una asombrosa cantidad de lagartos y lagartijas desplazándose lentamente. También se pueden ver varias especies de palmeras que sobresalen de entre otras variedades de plantas. Otro sendero cubierto por la selva lleva hacia un mundo lleno de misterio.
Adentrándose unos 500 mts. por el monte, se encuentra una casa de piedras. Sus gruesas paredes y los detalles de construcción denota que la Casa de Borman ha sido de alguna persona de muy buen nivel económico. Borman se acercaba a San Ignacio a vender frutas y comprar mercaderías.
Años después se dijo que Borman era un nazi, que había sido testigo de casamiento de Hitler, y que eligió este lugar apartado, con amplia vista al río Paraná. Con el mismo misterio con que había llegado en la década del 70 desapareció y no se supo más de él.
Si quieres recorrer un camino más corto, en lugar de ir hasta la casa del guardaparque, sigues por el camino e igual llegas a los miradores. En cualquier caso debes ir con ropa y calzado cómodo, protector solar, repelente para insectos y buena provisión de agua.
A pocos kms. del Parque se encuentra la casa del extraordinario escritor uruguayo Horacio Quiroga, quien fue invitado a Misiones por otro grande, Leopoldo Lugones, y le gustó tanto que se quedó a vivir. Compró 185 Has., se construyó su casa junto con su esposa. Fue Juez de Paz y escribió aquí sus mejores cuentos. Y aquí se quitó la vida cuando se enteró que padecía una grave enfermedad.
La Casa Museo Quiroga tiene su bicicleta, la embarcación con que recorría el río, manuscritos, el escritorio, su máquina de escribir, sus muebles, y los insectos que clasificaba con suma paciencia. Y el cierre perfecto de la jornada es el espectáculo “Luz y sonido” que recrea la vida y las tareas diarias de los aborígenes con los jesuitas, hasta que fueron expulsados por los españoles colonizadores.
