
La inmensidad del desierto, el cielo infinitamente estrellado y los ruidos mercados invitan a dar un paseo por esta nación africana. Si la idea es buscar un lugar exótico, lo ideal es recorrer Marruecos, nación que se encuentra en el extremo norte del continente.
Comenzaremos la travesía por la región de Ouarzazate. Aquí se extiende el valle de Dades, donde es muy común ver a los costados de la ruta las típicas viviendas de adobe de los pobladores de origen bereber.
El camino tiene muchas quebradas, con tonalidades de verdes impresionantes. Cada tanto llama la atención ver algún Kasbah, fuertes antiguos que pertenencían a las familias adineradas de antaño y que se caracterizan por lo general por no tener ventanas, perdido en el horizonte.
De paseo por estos interminables senderos es ideal hacer una pausa en Skoura, un oasis de vegetación, y refrescarse para llegar en perfecto estado hasta las magníficas gargantas de Todra, cerca de la ciudad de Tinghir. Estas formaciones que tienen más de 100 m. De altura se entremezclan con un paisaje lleno de contrastes: el desierto pedregoso, los frondosos palmerales e inquietantes cursos de agua.
A pocos kilómetros de estas inmensas rocas se emplaza el Valle de las Rosas, un extenso campo donde se cultivan estas flores para la producción de productos cosméticos. Allá mismo se celebra cada primavera una fiesta en su honor y durante el festejo los habitantes bajan por las montañas para mostrar a su hija más bella con la esperanza deque la coronen como la Señorita de las Rosas.
El siguiente destino es Erfoud, un sitio ya en arenal marroquí. Para conocer este lugar es recomendable alquilar un auto con aire acondicionado, porque el calor es insoportable. Desde este lugar puedes recorrer el desierto de Erg Chebbi (a 25 km. de la frontera argelina), su nombre proviene del árabe y significa duna.
Este trayecto es bueno hacerlo a la tardecita, con una lindas túnicas coloridas, primero en jeep, pero luego seguir en camellos. Al caer el sol dormir en tiendas a la vera de un oasis, mirando el cielo con una cantidad de estrellas increíble, y levantarse bien temprano para ver el amanecer. Es realmente una experiencia imperdible.
Y luego, directo a Marrakeck, la ciudad del bullicio y el descontrol, por el tránsito, los mercados, la gente, todo. En su núcleo urbano se encuentra la plaza Djemma el Fna, declarada patrimonio oral de la Unesco, ya que en ese sitio se aglomeran narradores de cuentos, encantadores de serpientes, malabaristas, magos; y alrededor está repleto de barcitos encantadores.
Esta plaza también es la puerta de entrada al barrio antiguo, donde están la mezquita Koubba Ba’ayadiyin (estilo almorávida) y el palacio Dar Si Said (donde se encuentra el museo de las artes marroquíes).
Y otro atractivo destacable son los jardines de Majorelle, un jardín botánico muy coqueto, con una mezcla de estanques elegantes que ostentan plantas de los cinco continentes. Aquí descansan los restos del diseñador Yves Saint Laurent.
