Lisboa, la capital portuguesa, tierra bella y melancólica, impacta por su riqueza histórica que se refleja en su ecléctica arquitectura, con sus pueblos aledaños de estilo medieval, tanto costeros como serranos, que rodean la ciudad, son unos de los sitios más visitados por los turistas ávidos de calidez, playa, historia y buena gastronomía.
Lisboa se alza a orillas del río Tajo y su arquitectura antigua que mezcla estilos atrapa a cualquier visitante que llegue hasta allí. Es un sitio muy recomendable que debería figurar en cualquier guía de viaje como uno de los destinos obligados para recorrer en Europa.
El fado es la expresión más popular de la música portuguesa. Mediante este ritmo nostálgico se cuentan los momentos más difíciles de la vida; y los alegres quedan a un lado. En contraposición a esta música, esta tierra es una de las más alegres, pintorescas y coloridas de toda Europa.
El Parque Eduardo es el más grande de la ciudad, con 25 hectáreas de extensión. Mosteiro dos Jeronimos es el edificio más notable de la ciudad, y fue construído en el año 1502, con estilo manuelino, en honor a la llegada del navegante Vasco da Gama, tras la exitosa travesía a la India.
Muy cerca de allí, llama la atención la Torre de Belém, que hace siglos fue la torre defensiva de la ciudad, y también funcionó como oficina de recaudaciónde impuestos para los que ingresaban a la capital, y hoy, es el monumento más popular a orillas del río Tajo.
El centro es muy pequeño, sus calles angostas y las fachadas son muy acogedoras. No se ve, prácticamente, edificación moderna y eso hace que parezca una ciudad detenida en el tiempo. Incluso uno puede estar paseado entre los locales de las marcas más tradicionales, y pasan prácticamente inadvertidas porque lo que impacta es el edificio donde están ubicados.
Al noroeste de Lisboa se encuentra Sintra. Este lugar fue por muchos años el sitio preferido de la realeza portuguesa para pasar sus vacaciones, como así también fue la ciudad elegida por el poeta inglés Lord Byron.
Su atractivo más importante es el Castelo dos Mouros. Las sierras de Sintra fueron invadidas por los otomanos, en el siglo XVII, y según cuenta la leyenda el palacio fue levantado por ellos.
El camino hasta el castillo impresiona por su extensa muralla que lo protegía de las invasiones. Siguiendo camino se llega al poblado de Cascais, un balneario muy exclusivo. Una de las cosas que lo hacen más famoso es que muy cerca de allí se realiza el Gran Premio de Fórmula de Estoril.
Sus playas tienen un agua muy fría, pero las vistas son hermosas, así como el centro, que tiene unas callejuelas empedradas, realmente de cuento.
En unos kilómetros más nos encontramos con Evora, una joya arquitectónica, con un entorno repleto de olivares y viñedos. Su principal atracción es la Praça do Giraldo, donde se encuentra la Catedral de Sé y la Iglesia de San Francisco, que es una capilla construída con huesos y calaveras de sacerdotes fallecidos. Hay 120 iglesias y todas arman instalaciones culturales por las calles.

