La ruta de la seda

Visitando el Mundo Por Visitando el Mundo El 3 de septiembre de 2011

Un recorrido actual por el antiguo puente entre Oriente y Occidente, escenario de epopeyas, invasiones, grandes descubrimientos, migraciones y diálogo entre culturas.

XI’AN – CHINA

El punto de partida es esta ciudad que en aquella época se llamaba Chang’an, y era la ciudad de los emperadores, poetas, cortesanos, monjes, mercaderes y soldados. Era el centro neurálgico al que llegaban las caravanas de camellos y de la salían grandes inventos como el papel, la imprenta y la pólvora que, luego, influirían en el Occidente. Pero había un producto en particular que fascinaba al Nuevo Mundo: la seda.

Su fabricación era un misterio y para la Antigua Roma era más valiosa que el perfume y las joyas. Su precio en el mercado era hasta más caro que el oro. La seda, considerada tela milagrosa en ese entonces, fue la principal impulsora de este intercambio comercial, de ahí el nombre a esta ruta. Xi’an era el lugar donde las religiones coexistían armoniosamente y en donde la cultura china alcanzó su máximo apogeo.

Los vestigios de aquella época pueden verse hoy en algunos de los puntos más turísticos de la ciudad, especialmente en el mausoleo del primer emperador, con su ejército de soldados de terracota velando por su seguridad, una de las más impresionantes excavaciones arqueológicas. El palacio de la dinastía Tang, las pagodas, el barrio musulmán y la antigua muralla también guardan en sus paredes parte de esta increíble historia.

ESTAMBUL, TURQUIA

Dada su ubicación geográfica, la actual Estambul resultaba ser una ciudad estratégica en la Ruta de la Seda. Era el final del trayecto y, desde allí, los mercaderes iban con sus productos a Europa. Los turcos funcionaban naturalmente como intermediarios. Veían llegar oro, plata, perfumes y vidrio desde el Oeste y, por el otro lado, especias, seda, pieles, jade y porcelana. Fueron los primeros en darse cuenta de la importancia del comercio, y como los saqueos eran muy comunes, ofrecieron seguridad a las caravanas, cerraron tratos que garantizaban el intercambio mercantil a lo largo del camino.

En territorio turco se levantaron varios imperios importantes en la historia de la humanidad, como el Persa, el Romano de Oriente y el Otomano. Por eso, el aspecto actual de Estambul refleja variadas influencias. Ejemplo de esto es la imponente Hagia Sofía, uno de los monumentos con más historia de la ciudad, construída  por el emperador Justiniano en el mismo sitio en donde estaba la Acrópolis de Bizancio y, anteriormente, una basílica que se incendió y se volvió a levantar. Otra de las paradas obligadas para cualquier turista es el Palacio de Topkapi, hogar oficial de todos los sultanes y modelo de la arquitectura civil turca.

Sobre una de las siete colinas de Estambul se despliega con estilo otomano La Mezquita de Solimán el Magnífico y, como una miniréplica de Hagia Sofía, la Mezquita Azul con sus azulejos característicos.

SAMARCANDA – USBEKISTAN

Antiguamente la capital de la dinastía Timur, Samarcanda está detenida en el tiempo. No en vano la han declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad. Edificios como la mezquita Bibi Khanum, la plaza Registan y el mausoleo de Emir Gur dan fe de esto. Además, alberga interesantes restos arqueológicos.

Durante los siglos en los que la Ruta de la Seda era la vía por excelencia para entrar en contacto con otros imperios, esta ciudad aparte de ser la joya del mundo islámico era también un gran centro cultural. Sus observactorios, colegios y mezquitas se convirtieron en lugar de reunión para intelectuales, astrónomos, poetas, teólogos y arquitectos. Desde allí, se han hecho grandes descubrimientos como el del estrónomo Ulugh Beg, quien trazó la posición de más de cien estrellas. Por otra  parte, Samarcanda era el punto exacto donde la ruta comercial se bifurcaba hacia Persia y hacia la India.

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