El Santuario de Nuestra Señora de las Lajas, Colombia

Visitando el Mundo Por Visitando el Mundo El 7 de mayo de 2012

El Santuario de Nuestra Señora de las Lajas es una basílica para el culto católico situado en Ipiales, sur de Colombia y es destino de peregrinación y turismo desde el siglo XVIII.

El santuario está situado en el cañón del río Guaítara, en el paraje de Las Lajas, a siete kilómetros de la ciudad cabecera y a 10 km de la frontera con el Ecuador. El santuario fue erigido frente a una cascada de 80m de caída.

La edificación actual, es una iglesia de piedra gris y blanca de estilo Neogótico, a imitación del Gótico del siglo XIV, compuesta de tres naves construidas sobre un puente de dos arcos que cruza sobre el río y que hace de plaza de la basílica uniéndola con el otro lado del cañón.

La altura del templo, desde su base hasta la torre es de 100 metros, y el puente mide 50 m. de alto por 17 m. de ancho y 20 m. de largo. El edificio principal mide 27.50 m. de fondo por l5 m. de ancho. En el interior, las tres naves están cubiertas con bóvedas de crucería. En el día, su iluminación la da la luz que se filtra por los vitrales.

El fondo de las tres naves es el muro de piedra natural del cañón y en la nave central se destaca la imagen de la Virgen. El basamento del templo, además de los dos arcos de medio punto del puente, es una cripta de estilo románico, de tres naves cubiertas con bóvedas de cañón de estructura en piedra sillar y que está dedicada al Sagrado Corazón de Jesús.

Los muros que flanquean los accesos al santuario característicamente escalonados por la topografía del terreno, están llenos de placas con agradecimientos por los favores recibidos, así como con aparatos ortopédicos para dar testimonio de curaciones.

El franciscano fray Juan de Santa Gertrudis, en su crónica del viaje entre 1756- 1762 por el sur del Reino de Nueva Granada, escribió “Maravillas de la naturaleza”, y menciona el santuario en el libro III, siendo posiblemente la referencia más antigua de su existencia.

En 1951 el Vaticano decretó la coronación canónica de Nuestra Señora de las Lajas y el santuario es basílica menor desde 1954.

  • En 1984 el santuario es declarado monumento parte del patrimonio cultural del país, por el Gobierno colombiano.
  • En 2006, se declara la Iglesia Nuestra Señora de las Lajas, como Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional, y se delimita su área de influencia.
  • En 2007 el santuario de las Lajas es considerado una de las siete maravillas de Colombia al obtener la segunda votación más alta; solo superada por la Catedral de Sal de Zipaquirá.

El peregrinaje de los devotos al santuario es permanente pero se incrementa en tres épocas del año: en septiembre cuando se celebran las fiestas patronales, sobre todo los días 15 y 16 de septiembre; el Jueves Santo cuando, los peregrinos, especialmente desde la ciudad de Pasto, o de Túquerres y pueblos cercanos, y del Ecuador, llegan a pie después de una travesía de más de 12 horas. También hay peregrinación en diciembre y los primeros días de enero de cada año.

La historia de la iglesia cuenta como se inició la fe por Nuestra Señora de Las Lajas:

En el siglo dieciocho, en Colombia, María Meneses de Quiñones, descendiente de caciques indígenas de Potosí, solía caminar la distancia de seis millas que separaban su villa de otra llamada Ipiales.

Un día que María iba a Ipiales, llevando en la espalda a su hijita Rosa, que era sordomuda, llegando a la cueva del Guáitara, ella se sentó a descansar sobre una piedra. Cuando la niña se bajó de su espalda y comenzó a treparse en las piedras de la cueva, exclamando: “¡Mami!, ¡Aquí hay una señora blanca con un niño en brazos!”

Era la primera vez que su hija hablaba. Pero no veía por ninguna parte las figuras que la niña describía. Con mucho temor, colocó a la niña sobre su espalda y se fue para Ipiales. Allí les contó a parientes y amigos lo sucedido, pero nadie le creyó.

Otro día, regresando a su casa en Potosí, paso por el sitio donde se hallaba la cueva, y entonces Rosa gritó: “¡Mami! ¡La señora blanca me está llamando!”. Llegando a casa, hizo el relato de lo que le había pasado. Así, muy pronto la región entera supo del misterio de la cueva, la cual todos conocían, pues quedaba al pie de un camino muy transitado.

Unos días después, Rosa desapareció de su casa. María la buscó por todas partes, hasta que su corazón de madre le dijo que su hija debía haber ido a la cueva, pues a menudo decía que la señora la llamaba. Así pues, se apresuró a ir a la cueva del Guáitara y allí estaba su hija, arrodillada frente a la mujer y jugando familiarmente con el niño. María cayó de rodillas; había visto a la Santísima Virgen por primera vez.

Comenzó a frecuentar la cueva, y la llenó de flores silvestres y velas, que su hija le ayudó a pegar en la piedra. Pasó el tiempo, un día la niña cayó gravemente enferma y pronto murió. María, decidió llevar el cuerpo de la niña a los pies de la Virgen. Allí le recordó a la Virgen todas las flores y velas que Rosa le solía llevar, y le pidió que le devolviera la vida.

Entonces, la Virgen Santísima consiguió que su Divino Hijo hiciera el milagro de la resurrección de la pequeña Rosa. Llena de alegría, María se fue a Ipiales y les contó a todos la maravilla ocurrida. Hicieron sonar las campanas de la iglesia, y todos se reunieron frente a la iglesia de la villa. Ya amaneciendo, todos se dirigieron hacia la cueva.

De la cueva brillaban luces extraordinarias, y en la pared de piedra, se hallaba grabada para siempre la imagen de la Santísima Virgen.

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