A 300 km. de Johannesburgo, Sudáfrica, se ubica el Parque Nacional Kruger, la mayor reserva natural del país, cubre 18.989 km² y se extiende por 350 km de norte a sur y 60 km de este a oeste. Ahora es parte del Parque Transfronterizo del Gran Limpompo, un parque de la paz que vincula al Parque Nacional Kruger con el Parque Nacional Gonarezhou en Zimbabwe y al Parque Nacional Limpompo en Mozambique. Los cañones del parque Kruger han sido nombrados Reserva de la Biosfera por la Unesco.
Por razones de seguridad, tanto el traslado desde Johannesburgo como el recorrido hacia y dentro del parque se hacen en transporte privado. La experiencia más deslumbrante es hospedarse en los campamentos que circundan el parque, cada uno dentro de una reserva privada, en la que conviven junto a los huéspedes y anfitriones antílopes, reptiles y mamíferos de gran tamaño, como búfalos, rinocerontes y jirafas.
En la década de 1960, en un esfuerzo para aumentar el número de animales de caza, comenzó el proyecto Agua para la Vida Salvaje y se erigieron 300 molinos de viento en todo el parque. Los pozos de agua atrajeron animales de caza al área. Al principio pareció una buena idea, pero décadas después los resultados mostraros que junto con los impalas y cebras también fueron atraídos más depredadores al área.
Antes de la construcciones de los pozos de agua, estas áreas más secas, alimentaron al antílope ruano, el cual es mucho más fácil de cazar por los leones y no fueron capaces de competir. El parque comenzó a cerrar los pozos de agua y dejó que la Naturaleza siguiera su curso.
A lo largo del campamento se esconden tree-houses, que son chozas de cañas de bambú embutidas en los árboles. Cada tree-house es una verdadera habitación de hotel con baño, cama y sillones, y una mosquitera que cubre la cama para proteger a los huéspedes de los gigantescos mosquitos. El rugido de todo tipo de animales impide conciliar el sueño, pero hace que la experiencia sea inigualable.
Ni bien llegados al campamento, la anfitriona oriunda de Mozambique recomendó no dejar comida en el tree-house, ya que sin saber por donde ni como ingresan monos e invaden la choza para llevarse la comida. Y no solo eso: durante el desayuno, servido en el quincho al lado de una laguna, los monos nos sorprendían arrebatando las tostadas de las mesas.
El safari por el Parque Kruger es una oportunidad que se presenta, quizás, una sola vez en la vida. La travesía comienza a la mañana temprano, arriba de un jeep techado conducido por un guía africano, que además de inglés sudafricano habla afrikáans y seis dialectos más. A lo largo del trayecto, el guía comparte, en esa mezcla de inglés británico y africano, todos los relatos de la vida animal y vegetal del parque, en una extensa jornada que se extiende hasta el atardecer, hora en que los vehículos deben abandonar en forma obligada la reserva. Algunos guías toman rutas alternativas para no cruzarse con demasiados vehículos.
Las horas transcurren sobre el Jeep, observando el correr de los animales. Hay momentos en que sólo se aprecia el verde de la sabana, pues la majestuosidad del parque hace que los animales se aparten. No es usual ver a los Big five (cinco grandes), león, leopardo, búfalo, elefante y rinoceronte, pero a veces la suerte acompaña y es posible.
También podemos encontrar jirafas, cebras, antílopes, bueyes, suricatas, hipopótamos, cuervos, cocodrilos, guepardos, kudúes, impalas, nyalas, reduncas, hienas, topis, jabalíes, ñúes, 120 especies de reptiles, 52 especies de peces y 35 especies de anfibios, entre acacias y mopanes, entre ríos y colinas.
A la salida o al ocaso del sol es una de las mejores horas para encontrar todo tipo de fauna, o relajarse observándola desde alguna terraza o mirador. Momentos para disfrutar de la vida en Africa.









